Madrid/Finisterre

Ciclismo de larga distancia por la ruta de las flechas amarillas. No se trata de ir rápido para llegar antes no lo olvides. El recorrido enlazan cinco de los “caminos” de Santiago más importantes de la península ibérica.

Camino de Madrid

Salimos de la Puerta del Sol donde esta situado el Kilometro Cero de las carreteras radiales. La sierra de Guadarrama es la gran frontera natural entre las dos mesetas y el principal reto en el Camino de Santiago de Madrid. Las flechas amarillas del más famoso y universal de todos los “caminos” dejan la gran urbe por los límites del Monte del Pardo y aparece en el horizonte de la serranía madrileña. En la amabilidad que sugiere la lejanía parece un camino sencillo, pero entre medias hay senderos, callejas ganaderas y viejas cañadas pastoriles.

En Cercedilla comienza la travesía de la sierra en un ambiente extraordinario de pinares interminables y cumbres de granito. Las señales jacobeas suben por las piedras centenarias de los caminos históricos que cruzan la cordillera pero las bicis ruedan mucho mejor por el firme impecable de la antigua Carretera de la República, hasta el puerto de la Fuenfría, después toca sacar las habilidades ciclomontañeras en el descenso por las piedras de la calzada romana y los campos ganaderos de la Cruz de la Gallega hasta las calles de Segovia. En este tramo las gravel vuelan hasta los arcos del acueducto romano.

En la gran vega del Eresma aparecen todo tipo de firmes, es el momento de subir la media por un nuevo escenario ambiental, combinando caminos rurales, tramos de la Vía Verde del Eresma y carreteras locales para evitar las trampas de arena en los pinares resineros de la Campiña Segoviana. Y a pesar de todo en varios lugares hay que combinar habilidad y destreza para sortear zonas de “arenas blandas” inevitables. En un desafío gravel de larga distancia la elección de las cubiertas es importante y en el sector del Camino de Madrid son fundamentales porque hay que rodar por todo tipo de caminos, incluso cambiar la presión de ruedas según el firme para aprovechar la ventaja rodadora de las gravel.

Camino del Sureste

El Camino de Madrid termina en Sahagún, donde enlaza con el Camino Francés. En nuestro particular y exclusivo desafío gravel proponemos la opción de recorrer un tramo del Camino de Santiago del Sureste, en las provincias de Valladolid y León, para entrar después en el tramo final de la histórica Vía de la Plata. El desvío del Camino de Madrid está en el Monasterio de la Espina, antiguo cenobio cisterciense después de pasar Peñaflor de Hornija, pueblo centinela de los Montes Torozos. Una combinación de caminos rurales por el trazado del sendero de gran recorrido GR-30 llevan al peregrino cicloturista hasta Urueña, que conserva el mejor recinto amurallado de la provincia de Valladolid. Y poco después aparecen las flechas amarillas del Camino del ​Sureste en las interminables campiñas de Tierra de Campos. Las señales jacobeas recorren la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila y finalmente pasan el antiguo puente del río Esla para entrar en las calles de Benavente y conectar con otro de los grandes itinerarios marcado con las populares flechas amarillas.

Camino de la Vía de la Plata

Las primeras conchas peregrinas del Camino de Santiago Vía de la Plata están en la ciudad de Sevilla y las ruinas de Itálica . El inicio de aventura compostelana en la antigua vía de los romanos es evocador. En algunos lugares quedan restos del patrimonio arquitectónico, etnográfico o arqueológico que señalan las huellas de la historia en los puentes medievales, las calzadas, los castillos y las fortalezas, las marcas cinceladas en los miliarios, en los templos y los santuarios o en la forma de habitar en cada región. Los vestigios de las gentes del pasado son la inspiración de los pueblos del futuro y la Vía de la Plata es una galería constante de atractivos de todos los tiempos, culturas y tendencias sociales que han dejado sus huellas en las cunetas y paisajes de la vieja vía árabe y romana.

Las señales jacobeas de la Vía de la Plata pasan por la plaza Mayor de Benavente y salen de la ciudad por la Cañada de la Vizana. Hay una cuesta “graciosa” en un monte de encinas para pasar las vías del tren y la autovía A-52 y vuelve el mismo ambiente rodador en el solitario Páramo Leonés, los desniveles suaves, las carreteritas locales de asfalto viejo, los pueblos con un pequeño bar como único servicio para reponer fuerzas y muchos caminos agrícolas de buen firme para sacar el máximo provecho de las piernas y de las dinámicas bicis de gravel hasta el paseo por las calles de La Bañeza, capital comarcal con mucho bullicio, tráfico y ambiente urbano.

En Astorga el navegador de ruta marca 380 kilómetros desde Madrid, 3.600 metros positivos y 3.470 negativos, llega el momento de tomar un respiro, organizar algo del equipo en el caso de que sea necesario, recargar el GPS, cambiar de ropa o simplemente compartir impresiones y emociones con el personal de la organización en el punto de asistencia previsto en Astorga, donde la Vía de la Plata conecta con el popular Camino Francés. Los participantes tienen la posibilidad de entregar en Madrid a la organización una bolsa con equipo personal que encontrarán en Astorga, después de las primeras 15/20 horas de pedaleo non stop por la gran planicie de las mesetas castellanas. En la bolsa pueden poner vestuario de repuesto, complementos de alimentación, baterías de repuesto o lo que cada uno considere necesario tener en este punto intermedio y decisivo de la ventura cicloturista.

Camino Francés

El Camino Francés es la gran vena espiritual y viajera de todos los Caminos de Santiago, el principal canal donde confluyen las rutas europeas y saltan los Pirineos hacia el famoso santuario de Santiago de Compostela, una línea intemporal que durante siglos ha mantenido un inexplicable fervor popular por la magia que surge de vivir intensamente durante unos días la ilusión, el mito y la realidad, los pilares que siempre viajan juntos con la fiel concha del peregrino. Las flechas amarillas del Camino Francés salen de Astorga hacia los pintorescos pueblos de la Maragatería leonesa para recorrer una etapa emblemática del Camino de Santiago en los Montes de León, uno de los pasos más temidos por los peregrinos medievales en el Camino Francés por los asaltos de bandoleros, las fieras salvajes y la dureza de unas montañas aisladas y desconocidas. En la actualidad los Montes de León siguen siendo una travesía dura, los grandes pasos de montaña siempre son un reto físico y mental importante en un viaje cicloturista, son pruebas de desgaste y superación, donde la voluntad debe imponerse al sufrimiento deportivo y las dudas que surgen para justificar el esfuerzo simplemente por el deseo de hacerlo.

El paso por la Cruz de Ferro, el simbólico Monte Irago, es un momento emocionante, ya no hay vuelta atrás, el único destino es el extremo más occidental de Europa en la Costa da Morte. Cerca del sencillo monumento está uno de los refugios más entrañables y especiales del Camino Francés, no es el aspecto del lugar, que también llama la atención, es el alma del hospitalero convertida en un escenario al aire libre. En los Montes de León hay andaderos o veredas de tierra construidas al lado de las carreteras para que los peregrinos puedan caminar fuera del asfalto y también son aptos en bicicleta. En varios tramos el firme es complicado, incluso trialero, y con las bicis de gravel hay que mantener la prudencia, ser pacientes y circular con cuidado, especialmente la bajada hacia El Acebo y Molinaseca.

Ponferrada es antigua capital templaria, tiene un castillo imponente, un histórico “puente de hierro” y es grande, la travesía urbana parece interminable. La buena noticia es que el tramo más incómodo por las calles de la ciudad y los pueblos del extrarradio están en la salida de Ponferrada, cuando el Camino Francés busca la entrada de Galicia por Villafranca del Bierzo y el famoso paso de O Cebreiro, y nuestro recorrido cicloturista se desvía en la entrada de la notable capital de El Bierzo para seguir por el solitario Camino de Santiago de Invierno, un novedoso itinerario jacobeo por el valle del río Sil, la Ribeira Sacra y las comarcas del interior de Lugo y Pontevedra.

Camino de Invierno

Los peregrinos medievales pasaban meses hasta que completaban el camino jacobeo en el santuario gallego. En ocasiones la aventura peregrina duraba años cuando salían desde los confines de Europa y pasaban el invierno en el camino, sufriendo las penalidades climatológicas habituales en la alta montaña. El puerto del Cebreiro ha sido siempre una soberbia frontera natural y geográfica entre León y Galicia. En temporada invernal era un temido paso de montaña y los romeros compostelanos seguían el valle del río Sil por la benévola Ribeira Sacra y las cálidas colinas del interior de Pontevedra, evitando las duras nevadas que cortaban el paso por O Cebreiro durante el invierno.

El desvío del Camino de Invierno está en la rotonda del refugio de peregrinos de San Nicolás de Flüe, en la entrada de Ponferrada, donde aparecen los hitos de las dos rutas jacobeas. Las flechas del camino invernal pasan por el puente del río Boeza, rodean el monte Pajariel y suben por Las Médulas entre los curiosos pináculos mineros de los romanos. Las explotaciones de pizarra marcan las huellas del paisaje en el primer sector de la comarca de Valdeorras, un precioso valle de pueblos agrícolas y animados en las orillas del Sil.

El Camino de Invierno es una ruta de contrapuntos ambientales, todo tipo de firmes y diversidad de paisajes, un entretenido y duro rompe piernas donde se notarán las reservas de fuerzas de quienes hayan sido previsores en las grandes llanuras castellanas, guardando algo de energía para el mundo rural del interior de Galicia. El seguimiento de track es fundamental, hay infinidad de cruces y desvíos, algunos fuera del trazado principal de las flechas amarillas para evitar trialeras o senderos no ciclables para las bicis de gravel. En el valle del río Arnego pueden aparecer zonas encharcadas, también hay montes de hermosos prados ganaderos con centenares de vacas pastando libremente, concejos que son un laberinto constante de parroquias y aldeas y caminos de vértigo en el paso de los grandes ríos, como los Codos de Belesar en el río Miño por el empedrado de una antigua calzada romana. En A Laxe se une el Camino de Invierno al Camino Sanabrés o Mozárabe y juntos siguen hasta la célebre plaza del Obradoiro de Santiago, delante de la puerta de la catedral compostelana.

Camino del final de la tierra

El broche de la travesía gravel por los “caminos” de Santiago de media España es el mítico Finisterre, el finis terrae de los marinos, viajeros y exploradores de todos los tiempos, cuando pensaban que el sol era tragado por un abismo insondable en el último horizonte del gran océano. Ahora es un lugar de rito y encuentro, de celebración pagana y devoción popular. El Finisterre actual, Fisterra en galego, es un momento para agradecer y sentirse orgulloso y feliz al completar el desafío de estar durante varios días pedaleando al límite de las fuerzas, el cansancio, el sueño y la motivación para contemplar un horizonte tan sencillo como espectacular, especialmente al atardecer. El poniente en el Cabo de Finisterre es una de las puestas del sol que todo el mundo debe disfrutar al menos “una vez en la vida”, como se suele decir para llamar la atención hacia escenarios que tiene una magia especial.

No te pierdas esta maravillosa aventura en bicicleta de gravel, nosotros ponemos los medios, el apoyo, la organización y la elección de un recorrido que dejará huella en las emociones de todos los participantes, tú simplemente tienes que poner la bicicleta, las piernas y las pasión por vivir experiencias inolvidables.

“Cuando el navegante comienza el viaje, prepara su barco, estudia la ruta, planea el itinerario y zarpa, no puede hacer nada más. No puede saber qué tormentas le azotarán, ni si ha de regresar. Pero Zarpa” Edward Rutherfurd.

Sureste en las interminables campiñas de Tierra de Campos. Las señales jacobeas recorren la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila y finalmente pasan el antiguo puente del río Esla para entrar en las calles de Benavente y conectar con otro de los grandes itinerarios marcado con las populares flechas amarillas.