Ultraturismo en bicicleta

Sí, has leído bien. Ultraturismo en bicicleta.

Puede que sea una palabra poco habitual, especialmente en estos tiempos en los que tanto se habla de ultraciclismo, ultradistancia, retos deportivos y grandes desafíos personales. Pero si hay un concepto que define el verdadero ADN de Kilómetro Cero, es precisamente ese: ultraturismo en bicicleta.

Nos encanta viajar en bicicleta. Nos apasiona conocer lugares, descubrir paisajes, recorrer carreteras y caminos que nunca antes habíamos transitado y, por qué no decirlo, hacerlo recorriendo largas distancias, nos gusta cansarnos.

Pero desde que nació Kilómetro Cero tuvimos clara una cosa: queríamos acercar la aventura al mayor número posible de personas. Queríamos demostrar que viajar lejos en bicicleta no tenía por qué ser una experiencia reservada únicamente a grandes deportistas o especialistas en ultradistancia, algo que podemos decir que hemos conseguido desde el primer momento.

Queríamos, en definitiva, democratizar la aventura.

Cien horas de vacaciones, cien horas para ti.

Quizá ahora se entienda mejor por qué Kilómetro Cero nunca ha sido una competición deportiva. Nunca hemos establecido clasificaciones. Nunca hemos dado especial importancia a quién llega primero o quién llega último. No es eso lo que nos mueve.

Cuando organizamos alguno de nuestros recorridos, reunimos a cien participantes y les proponemos algo que puede parecer sencillo, pero que encierra buena parte de nuestra filosofía: disfrutar de cien horas de vacaciones sobre una bicicleta.

Cien horas para recorrer caminos, descubrir pueblos, contemplar paisajes, conversar con otros participantes o simplemente disfrutar del silencio.

Cien horas para desconectar de las obligaciones cotidianas y conectar con aquello que tantas veces dejamos en segundo plano: nosotros mismos.

Porque, aunque resulte curioso, a veces somos unos grandes desconocidos para nosotros mismos. Explorarse a uno mismo es en si una gran aventura. Y pocas cosas ayudan tanto a conocerse como pasar muchas horas pedaleando.

Al final, Kilómetro Cero es precisamente eso: un regalo que te haces a ti mismo.

Cien horas por y para ti.

Ultraciclismo y ultraturismo: una delgada línea que marca la diferencia.

No pretendemos enfrentarnos al ultraciclismo. Ni mucho menos, nos gusta, lo practicamos, pero Kilómetro Cero es un espacio diferente.

Nos sentimos identificados con algunos de sus valores: el esfuerzo, la superación, la resistencia y esa curiosa atracción que sentimos por recorrer largas distancias.

Pero creemos que el ultraciclismo, entendido desde su vertiente más deportiva y competitiva, tiene unas connotaciones que no terminan de representar nuestra filosofía.

Nosotros no queremos que el cronómetro y los datos sean el protagonista. Queremos que lo sean los lugares, las experiencias y las personas que te llevas.

Y precisamente por eso, cuando organizamos Kilometro Cero, intentamos facilitar determinadas cosas a quienes participan. Contamos con un punto de asistencia intermedio y procuramos mantener una organización cercana, que acompañe y transmita tranquilidad.

No queremos eliminar la aventura ni las dificultades que forman parte de ella. Queremos que quienes sienten respeto o incluso miedo ante un desafío de estas características encuentren una puerta de entrada para vivirlo con mayor confianza.

Porque muchas veces lo más difícil de una aventura no es terminarla: es atreverse a empezar.

Democratizando la aventura nos convertimos en esa puerta de entrada para el ultraciclismo o según en que caso, la puerta inversa y somos la válvula de escape al ultraciclismo. No dejamos de ser vasos comunicantes.

Madrid–Finisterre: más de 700 kilómetros de ultraturismo

Y si hablamos de ultraturismo, tenemos que hablar de los lugares por los que pasan nuestros recorridos.

Porque en Kilómetro Cero nunca diseñamos una ruta pensando únicamente en sumar kilómetros. Intentamos que cada recorrido tenga sentido, que atraviese lugares que merezca la pena conocer y que cada jornada nos regale algo más que kilómetros acumulados.

Podríamos hablar de muchas de nuestras aventuras, pero vamos a detenernos en una muy especial: Madrid–Finisterre.

Todo comienza en un lugar que forma parte de la historia de nuestro país: la Puerta del Sol de Madrid.

Sí, exactamente allí. Junto al famoso reloj al que millones de españoles miran cada Nochevieja mientras esperan las doce campanadas.

Desde ese lugar, donde se encuentra el kilómetro cero de las carreteras radiales españolas, comienza nuestro viaje.

Y apenas hemos empezado a pedalear cuando Madrid nos ofrece algunos de sus lugares más reconocibles.

Salimos por la Gran Vía, la calle que nunca duerme, vemos la Cibeles y al fondo la puerta de Alcala, subimos por el Paseo de la Castellana, contemplamos el estadio Santiago Bernabéu y vemos las Cinco Torres dibujando el horizonte de la ciudad.

Solo por estos lugares que hemos mencionado hay millones de personas que viajan desde otros países para poder verlo en directo y nosotros los hemos disfrutado en apenas los primeros kilómetros de nuestro viaje.

Pero lo mejor es que esto no ha hecho más que empezar. Poco después, la ciudad va quedando atrás y aparece ante nosotros la imponente silueta de La Pedriza, con el Castillo de Manzanares el Real como uno de los grandes protagonistas del paisaje.

Seguimos avanzando por el entorno de la Cuenca Alta del Manzanares y nos adentramos en la sierra a través del histórico Puerto de la Fuenfría. Al otro lado nos esperan los pinares de Valsaín, el entorno de La Granja de San Ildefonso y, finalmente, una de las ciudades monumentales más impresionantes de España: Segovia. Su acueducto romano y su Alcázar nos recuerdan que estamos atravesando lugares cargados de siglos de historia.

Y lo verdaderamente sorprendente es que todavía no hemos recorrido ni cien kilómetros de los más de setecientos que nos separan de Finisterre.

Por delante nos esperan muchos otros lugares extraordinarios.

Astorga, con el impresionante Palacio Episcopal diseñado por Antoni Gaudí. Ponferrada y su castillo templario. Iglesias, pueblos, caminos históricos y paisajes que nos acompañarán hasta alcanzar el océano Atlántico.

Cada uno de esos lugares forma parte del viaje. Cada uno tiene una historia que contar. Y nosotros tenemos el privilegio de descubrirlos a golpe de pedal.

Si esto no es ultraturismo en bicicleta…

Somos de letras

Desde nuestro punto de vista, que no quiere decir que sea el correcto, pero sí el nuestro, el ultraciclismo es un deporte donde los números tienen un gran protagonismo o al menos hacia afuera, todo se traslada en horas, minutos, segundos, kilómetros, metros acumulados, vatios, gramos hidrato-kilo y un largo etcétera.

En ultraturismo podemos decir que las protagonistas son las letras, resumir en números lo que sientes al ver un castillo, una catedral, un puente romano…no sale, o que sale natural es resumirlo en letras. Esa pequeña diferencia entre números y letras es un punto muy importante. Tenemos que decirlo. Somos muy de letras y lo justo en números en Kilómetro Cero.

Nuestra manera de entender la aventura

Kilómetro Cero nació con una filosofía que, con el paso de los años, no ha cambiado.

Seguimos creyendo que la bicicleta es una herramienta extraordinaria para conocer el mundo. Que las largas distancias pueden convertirse en una experiencia de descubrimiento y que la aventura no debería estar reservada a unos pocos.

No necesitamos clasificaciones para sentir que hemos conseguido algo importante.

No necesitamos llegar los primeros para disfrutar de un viaje extraordinario.

Nos basta con seguir pedaleando, descubriendo lugares y compartiendo experiencias con personas que entienden la bicicleta de una manera parecida a la nuestra.

Ese es nuestro ADN.

Eso es ultraturismo en bicicleta.

Y ese es el espíritu con el que nació Kilómetro Cero y que, gracias a todas las personas que nos acompañáis, sigue más vivo que nunca.

Gracias por formar parte de nuestras aventuras.

Gracias por seguir este blog.

Y, sobre todo, gracias por formar parte de Kilómetro Cero.

Un saludo y nos “vemos” en el siguiente post.

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